Factores que Influyen la Salud Mental de los Hispanos

Las comunidades hispanas y latinas en los Estados Unidos enfrentan desafíos que influyen en su salud mental. Múltiples problemas de salud mental, como la depresión y la ansiedad, afectan a las personas hispanas y latinas; sin embargo, una variedad de barreras afectan si estos problemas son identificados o si se busca ayuda profesional. En datos reportados recientemente en los Estados Unidos, se demostró que el 12.9% de los latinos reportaron ansiedad diagnosticada, el 13.9% depresión diagnosticada y menos del 10% recibió asesoramiento psicológico en el año anterior. Una combinación de circunstancias socioeconómicas, creencias culturales y diferencias entre los sistemas de atención médica influye en las experiencias y los resultados de salud mental entre las comunidades hispanas y latinas. Los factores que influyen en la salud mental de los hispanos y latinos pueden categorizarse en muchos elementos interconectados, incluyendo influencias culturales, barreras económicas y experiencias relacionadas con la inmigración y/o la aculturación. El estigma de la salud mental, el acceso limitado a atención culturalmente competente y el miedo a la deportación o las preocupaciones relacionadas con el estatus legal intensifican los factores de estrés mental y emocional para los hispanos y latinos en los Estados Unidos. Evaluar estos factores puede proporcionar una mejor comprensión de cómo algunos de los desafíos finalmente influyen en la salud mental y el acceso a la atención adecuada entre las comunidades hispanas y latinas.

Estigma de la salud mental

El estigma de la salud mental es un factor importante que influye en cómo las comunidades hispanas y latinas perciben las preocupaciones de salud mental, expresan sus experiencias y buscan atención profesional. El estigma puede involucrar creencias negativas sobre las enfermedades mentales, y a menudo conduce a preocupaciones sobre cómo una persona puede ser vista por amigos, familiares y la comunidad que la rodea. Las personas dentro de las comunidades hispanas pueden preocuparse no solo por cómo son percibidas cuando enfrentan una enfermedad mental, sino también por cómo podría afectar negativamente la manera en que su familia en general es percibida por los demás. Una revisión sistemática que exploró los aspectos culturales del estigma de las enfermedades mentales entre minorías raciales y étnicas identificó el estigma relacionado con la familia, las creencias culturales sobre la salud mental y el conocimiento limitado sobre la salud mental como temas recurrentes entre las comunidades hispanas. Estas percepciones culturales podrían hacer que hablar abiertamente sobre las dificultades de salud mental sea más difícil, desalentando así a las personas de buscar ayuda. La investigación además ha respaldado una asociación entre el estigma de la salud mental y la receptividad hacia la ayuda profesional. Entre los estudiantes universitarios hispanos, la presencia de estigma en torno a la salud mental estuvo relacionada con una menor disposición a buscar servicios psicológicos, incluyendo un menor reconocimiento de la necesidad de ayuda profesional y una menor apertura para hablar sobre problemas personales. Además, en un estudio reciente, mujeres inmigrantes latinas reportaron el estigma como una barrera común para buscar atención de salud mental, especialmente debido a preocupaciones de que otras personas descubrieran que estaban recibiendo tratamiento. Por lo tanto, abordar el estigma a través de la educación sobre salud mental puede ayudar a crear un ambiente donde las personas hispanas y latinas se sientan más cómodas hablando sobre problemas de salud mental y buscando apoyo cuando sea necesario.

Acceso limitado a atención con competencia cultural

El acceso limitado a servicios de salud mental con competencia cultural representa también una barrera sistémica importante para las comunidades hispanas y latinas. La atención con competencia cultural reconoce y responde a los antecedentes culturales, las creencias y las preferencias lingüísticas de los pacientes, lo que ayuda a generar confianza y una comunicación eficaz, elementos esenciales en el ámbito de la salud mental. El idioma, en particular, puede constituir una barrera significativa para las personas de habla hispana, quienes a menudo tienen dificultades para encontrar profesionales de salud mental bilingües. La investigación ha señalado que existe una escasez de profesionales bilingües de salud mental disponibles para atender a la creciente comunidad hispanohablante en Estados Unidos. Investigaciones más recientes realizadas con adultos latinos que padecen trastorno depresivo mayor revelaron que los participantes hispanohablantes destacaban la importancia de contar con profesionales bilingües y reportaban inquietudes sobre la comunicación, la confianza y la seguridad emocional cuando el profesional no hablaba su mismo idioma. No obstante, la atención con competencia cultural va más allá del idioma. Los profesionales también deben reconocer cómo los valores y las experiencias culturales pueden influir en la forma en que las personas interpretan y comunican sus síntomas, así como en su enfoque hacia el tratamiento de salud mental. Un metaanálisis demostró que la psicoterapia adaptada culturalmente resultó eficaz para reducir los síntomas de depresión y ansiedad en la población latina. Estos hallazgos subrayan la importancia de tener en cuenta los diversos antecedentes culturales al brindar una atención de salud mental eficaz.

Trauma durante la travesía migratoria

Por lo general, se habla de la inmigración como dos sucesos separados: la partida y la llegada. Sin embargo, es durante el trayecto intermedio donde realmente se produce una gran parte del trauma, siendo esta la etapa que con mayor frecuencia se omite en las conversaciones sobre la salud mental de la comunidad hispana. Para algunos inmigrantes hispanos, la migración no se limita a cruzar una frontera en una sola tarde; implica semanas o meses de viaje recorriendo largas distancias a pie, viajando sobre trenes de carga y dependiendo de traficantes de personas en quienes no se puede confiar, dado que la extorsión es una práctica común a lo largo del camino. La realidad es que no todos los inmigrantes hispanos atraviesan la misma travesía; no obstante, la mayoría experimenta un trauma enorme durante el recorrido. El hecho de sobrevivir a este viaje no significa llegar ileso: el trauma viaja con ellos y se acumula.

Por lo tanto, comprender la salud mental de la población hispana requiere examinar lo que sucedió durante la migración misma, y ​​no solo lo que ocurre tras la llegada. La violencia que experimentan los migrantes hispanos antes y durante la migración está bien documentada. Según el artículo "Pre-Migration Trauma Exposure and Mental Health Functioning among Central American Migrants Arriving at the US Border" (Exposición a traumas previos a la migración y funcionamiento de la salud mental entre migrantes centroamericanos que llegan a la frontera de EE. UU.), el estudio reveló que el 32 % de los migrantes centroamericanos entrevistados cumplía con los criterios de trastorno de estrés postraumático (TEPT) y el 24 % con los de depresión, mientras que el 17 % presentaba ambas condiciones simultáneamente. Los investigadores también informaron que alrededor del 83 % de los participantes citó la violencia como motivo para abandonar su país de origen, y que la mayoría nunca denunció lo sucedido por temor a represalias de las pandillas o por falta de confianza en la policía. Los investigadores demuestran que la violencia no comienza en la frontera, sino en el lugar de origen, y acompaña a la persona a lo largo de todo el trayecto. Médicos Sin Fronteras confirma este patrón desde una perspectiva médica. En su informe "No Way Out" (Sin salida), basado en datos de más de 26.000 personas atendidas a lo largo de la ruta migratoria por México, la violencia fue el principal factor que afectó el estado emocional de las personas en más de la mitad de las consultas iniciales de salud mental realizadas.

Los niños también cargan con este trauma y, dado que sus cerebros aún están en desarrollo, este los acompaña hasta la edad adulta. En el artículo "Immigrant Trauma and Mental Health Outcomes Among Latino Youth" (Trauma y resultados de salud mental en jóvenes inmigrantes latinos), los investigadores hallaron que aproximadamente dos tercios de los jóvenes inmigrantes latinos habían vivido al menos un evento traumático, y que casi una cuarta parte había experimentado dos o más. Esto resulta alarmante, ya que se espera que estos niños se inscriban en la escuela, aprendan un nuevo idioma y comprendan un sistema complejo y desconocido a las pocas semanas de llegar, todo ello mientras las personas de su entorno ignoran las vivencias por las que tuvieron que pasar para llegar allí. Además, los investigadores demostraron que el trauma experimentado en distintas etapas de la migración resultaba en diferentes consecuencias para la salud mental, lo que significa que el daño no puede abordarse como un evento único con un efecto único.

Finalmente, el aspecto más importante de este factor es que el trauma no termina cuando finaliza el viaje. Según el estudio "Trauma, estrés posmigratorio y salud mental", los investigadores descubrieron que el trauma sufrido antes y durante la migración seguía prediciendo problemas psicológicos mucho después de la llegada. El estrés que surge tras la llegada no sustituye al trauma previo, sino que se suma a él. Además, existe una clara asociación entre el trauma al que estuvieron expuestos antes, durante y después de la migración y el diagnóstico de enfermedades mentales en este grupo demográfico específico. Si realmente queremos comprender la salud mental de la población hispana, no podemos empezar la historia en el momento de su llegada; debemos incluir esa etapa intermedia por la que nadie pregunta.

Conclusión

En conclusión, los tres factores analizados en este informe no son problemas aislados que afectan casualmente a la misma comunidad. El estigma, el acceso limitado a una atención culturalmente competente y el trauma sufrido durante el proceso migratorio se retroalimentan entre sí, y es precisamente esto lo que dificulta su solución. El estigma inculca en la persona la idea de que atravesar dificultades es una señal de debilidad que debe ocultarse. Por ello, se demora más de lo debido en buscar ayuda. Cuando finalmente lo hacen, a menudo se topan con un sistema que no fue diseñado pensando en ellos: un entorno donde el profesional no habla su idioma, no comprende su cultura y carece de interés por conocer su realidad. Más allá de estas barreras, el trauma del viaje continúa afectando a la persona silenciosamente, sin esperar pacientemente a que la persona reciba atención. El hecho de que una persona pueda enfrentar obstáculos en estos tres ámbitos explica por qué la salud mental de la comunidad hispana no puede abordarse como un problema único con una solución única. Sin embargo, ninguno de estos factores es permanente, y esa es la esperanza a la que debemos aferrarnos. El estigma es algo aprendido, lo que significa que puede desaprenderse mediante conversaciones sinceras en el seno de nuestras familias y comunidades. La escasez de profesionales con competencia cultural puede remediarse capacitando y contratando a más especialistas bilingües y biculturales. El trauma, incluso uno tan profundo, responde al tratamiento cuando la persona tiene acceso real a él. Como recomendación, las comunidades, las escuelas y los sistemas de salud deben centrarse en llegar a las personas hispanas allí donde se encuentran, comunicándose en su propio idioma y evitando asumir que el silencio equivale a bienestar. Además, este enfoque permite que las personas reciban ayuda antes de tocar fondo, en lugar de hacerlo después. Se trata de nuestros padres, vecinos y compañeros. Merecen algo mejor que la exigencia de guardar silencio y seguir adelante.

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